
El diseño del contenido de un curso virtual no escapa a la planificación. Luego de identificar la audiencia y definir objetivos, este paso es uno de los más importantes.
El e-learning ha contribuido a cambiar la forma en que circula el saber y dicha transformación se erige como una de las más profundas que la sociedad afronta por estos tiempos.
En tal sentido Jesús Martín Barbero afirma que “la tecnología remite hoy no a la novedad de unos aparatos sino a nuevos modos de percepción y lenguaje, a nuevas sensibilidades y escrituras”. Tomando como punto de partida esta frase, podemos preguntarnos si todos las temáticas o contenidos son adaptables para formar parte de un proyecto de educación virtual.
Los nuevos modos de percepción y leguaje involucran decididamente a las audiencias en el proceso de aprendizaje en línea. Por lo tanto, yo no podemos pensar en contenidos cerrados e unilaterales para espacios en donde el conocimiento se construye permanentemente.
El primer punto a tener en cuenta a la hora de seleccionar el contenido es sin duda la audiencia. Es decir, el grupo de personas a la cual irá dirigido el curso. Esto está asociado directamente a los fines de la capacitación: que se pretende que el alumno logre.
Asimismo es importante considerar algunos tips para evaluar el contenido que deseamos utilizar en un aula virtual. La relevancia de estos en relación a las características del usuario/estudiante, ya que no todas las capacitaciones son útiles en todos los ambientes. Cuando más similitud exista entre los contenidos y los usuarios de los mismos, mayor relevancia adquirirá el material del curso para estos.
La practicidad es la siguiente. Los contenidos con mayor aplicabilidad son los que logran que el usuario “aprenda a hacer algo”. Así, este siente que el contenido no es mera información, sino que lo habilita a “poner en práctica” los conocimientos aprendido. En muchos casos, cuando el contenido se presenta en forma lineal conduce a que el estudiante no complete la lectura del mismo. Para evitar esto, se recomienda analizar primero el diseño pedagógico que se ha elegido para el armado del material.
Otra premisa es la interactividad. Auque pareciera que los contenidos de un curso escapan a este concepto, la realidad es que si en el aula virtual, el conocimiento se construye, el material no escapa al intercambio y la comunicación permanente. Lograr que el curso sea lo más participativo posible, por ejemplo proponiendo a los estudiantes el aporte de conocimientos en las diferentes secciones interactivas que propone el campus.
Si bien la educación e-learning plantea libertades en acceso y tiempo, en función del diseño y el armado de un curso, nada puede dejarse librado al azar.
El e-learning ha contribuido a cambiar la forma en que circula el saber y dicha transformación se erige como una de las más profundas que la sociedad afronta por estos tiempos.
En tal sentido Jesús Martín Barbero afirma que “la tecnología remite hoy no a la novedad de unos aparatos sino a nuevos modos de percepción y lenguaje, a nuevas sensibilidades y escrituras”. Tomando como punto de partida esta frase, podemos preguntarnos si todos las temáticas o contenidos son adaptables para formar parte de un proyecto de educación virtual.
Los nuevos modos de percepción y leguaje involucran decididamente a las audiencias en el proceso de aprendizaje en línea. Por lo tanto, yo no podemos pensar en contenidos cerrados e unilaterales para espacios en donde el conocimiento se construye permanentemente.
El primer punto a tener en cuenta a la hora de seleccionar el contenido es sin duda la audiencia. Es decir, el grupo de personas a la cual irá dirigido el curso. Esto está asociado directamente a los fines de la capacitación: que se pretende que el alumno logre.
Asimismo es importante considerar algunos tips para evaluar el contenido que deseamos utilizar en un aula virtual. La relevancia de estos en relación a las características del usuario/estudiante, ya que no todas las capacitaciones son útiles en todos los ambientes. Cuando más similitud exista entre los contenidos y los usuarios de los mismos, mayor relevancia adquirirá el material del curso para estos.
La practicidad es la siguiente. Los contenidos con mayor aplicabilidad son los que logran que el usuario “aprenda a hacer algo”. Así, este siente que el contenido no es mera información, sino que lo habilita a “poner en práctica” los conocimientos aprendido. En muchos casos, cuando el contenido se presenta en forma lineal conduce a que el estudiante no complete la lectura del mismo. Para evitar esto, se recomienda analizar primero el diseño pedagógico que se ha elegido para el armado del material.
Otra premisa es la interactividad. Auque pareciera que los contenidos de un curso escapan a este concepto, la realidad es que si en el aula virtual, el conocimiento se construye, el material no escapa al intercambio y la comunicación permanente. Lograr que el curso sea lo más participativo posible, por ejemplo proponiendo a los estudiantes el aporte de conocimientos en las diferentes secciones interactivas que propone el campus.
Si bien la educación e-learning plantea libertades en acceso y tiempo, en función del diseño y el armado de un curso, nada puede dejarse librado al azar.

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